Juan Antonio Montero
No existe una atención o un modo de atender único, sino que hay distintos tipos de atención dependiendo de la función que le demos y de cómo la aplicamos. Por ejemplo: si queremos entender algo sin perder ningún detalle del asunto y centrándonos totalmente en éste, ponemos en marcha nuestra atención focal, de la que ya hablamos en un artículo anterior; si vamos por el parque con nuestro perro, atentos a éste, pero también atentos a la conversación que tenemos con un compañero de trabajo a través del móvil, ahora estamos utilizando nuestra atención dividida.
Hablaremos aquí de la atención selectiva: El tipo de atención por el que procesamos estímulos relevantes (los que nos interesan), mientras desechamos los irrelevantes (los que en ese momento no nos interesan). Piense por ejemplo cuando sale de la zona de recogida de equipajes del aeropuerto, y ya viendo al público al otro lado de la cinta, se propone distinguir de entre un maremágnum de cartelitos identificadores con nombres portados por chóferes o agentes de recepción, aquél que lleva su nombre.
De la eficacia de este subtipo atencional, da muestra el hecho (éste es un ejemplo típico, denominado efecto cóctel), de que en una sala repleta de gente que está dispersa en grupos animados de conversación y en un entorno ruidoso, podemos enfocar nuestra conversación específicamente en el grupo en el que nos hallamos, ignorando las conversaciones de otros, por muy cercanos que estén.
Si por la razón que sea nos proponemos enfocar nuestra atención selectiva auditiva al grupo que tenemos al lado para enterarnos de lo que ahí se cuece, no le quepa duda de que puede conseguirlo, aunque pagando el precio de desconectar del grupo en el que está, que en ese momento ha pasado a ser para usted irrelevante.
Ésta es una de las limitaciones de la atención selectiva, y es que podemos “volvernos ciegos” a lo que ocurre en nuestro entorno. Un ejemplo muy ilustrativo es el llamado Efecto de enfoque en el arma (Weapon Focus Effect), que se conoce muy bien en Psicología Social, por el cual una persona que sufre un atraco y entra en máxima tensión, se concentra intensamente en el arma del atracador desechando otros detalles como su rostro, su vestimenta o casi cualquier otro hecho relevante para desesperación de los investigadores. Si le interesa esta temática de la ceguera selectiva, le recomiendo que haga el Test del pase invisible, le garantizo que le va a llamar mucho la atención, nunca mejor dicho.
Cuando ponemos en marcha nuestra atención selectiva en realidad ponemos en marcha un proceso, donde varias de sus fases son plenamente conscientes: En primer lugar, seleccionamos aquello a lo que nos queremos dirigir o en lo que nos queremos centrar; en segundo lugar, orientamos nuestros recursos cognitivos hacia ese estímulo elegido (piense en ese grupo que tenemos cerca en la fiesta y del que queremos escuchar todo lo posible); mantenemos la atención de forma continua a pesar de los distractores que pueda haber en el entorno; filtramos los posibles distractores para que no interfiera en aquello que nos interesa; y ya por fin, cesa el proceso porque ha dejado de interesarnos o bien porque se ha instalado la fatiga y ya somos incapaces de seguir atendiendo selectivamente lo que queríamos.
Para finalizar este breve artículo, me referiré a una situación ya muy común para todos nosotros y en la que nuestra muy sofisticada atención selectiva sufre bastante por obra y gracia de las modernas tecnologías. Y es aquella que ocurre cuando queremos buscar algún dato concreto en nuestra pantalla a través de internet y nos vemos obligados a cambiar o a abrir varias pantallas: tendremos que navegar entre múltiples noticias que por obra y gracia de los algoritmos y análisis de datos que nos tienen muy bien estudiados, serán en gran parte interesantes para nosotros en términos absolutos; y aunque sean irrelevantes en ese momento, porque realmente deseamos buscar otra cosa, muy fácilmente caeremos como mínimo en detenernos a mirar un titular o una foto. Invariablemente, esta detención en el proceso nos obligará a a reconfigurar nuestra atención y a intentar centrarnos otra vez en lo que queríamos, lo que nos hará más propensos a cometer errores y por supuesto a perder más tiempo.
Por tanto, cuidar la atención selectiva es fundamental en el entorno actual, ya que actúa como un filtro cognitivo esencial para gestionar el exceso de información y proteger nuestra salud mental.
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